¿POR QUÉ LOS REFUGIADOS?

El II CONGRESO INTERNACIONAL FRONTERAS Y DERECHOS HUMANOS: LA ACTUAL CRISIS DE LOS REFUGIADOS pretende llamar la atención, tanto de los estudiantes como del resto de la sociedad sobre una de las cuestiones más candentes de la actualidad, que está además directamente vinculada con los derechos humanos. Nos referimos a la crisis de los refugiados, que desde 2015 se ha planteado en la frontera de Europa con Oriente próximo. Una crisis sólo comparable a los masivos desplazamientos poblacionales de la II Guerra Mundial.

Seguramente no es solamente la gravedad de la situación de las personas que buscan refugio lo que marca la situación actual. La condición de cualquier refugiado es naturalmente grave y presupone la necesidad de abandono de su hogar para que pueda mantenerse libre del riesgo de vivir en condiciones degradantes o, incluso, conservar la propia vida en razón de su raza, religión, ideas políticas o pertenencia a un grupo social. En los orígenes históricos de la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados de 1951 está el reconocimiento de la necesidad de proteger quienes buscan refugiarse, toda una consecuencia de los horrores vividos en una guerra de escala global.

Desde entonces, aunque los conflictos y las emergencias se hayan mantenido en espacios regionales y que las grandes potencias no haya se enzarzado en conflictos bélicos, el espectro de persecuciones no dejó de existir, sino aumentó dentro y fuera del contexto de la guerra. Emergencias y crisis de refugiados como las vividas durante la Guerra del Vietnam (1964 a 1975), Afganistán (desde la invasión soviética en 1979), Líbano (1975 a 91), Irán (1979), Liberia (1989 a 2003), Bosnia (1992 a 94) o Sierra Leona (1991 a 2002) son algunos pocos ejemplos de la constante existencia de personas que dejaron sus países en la búsqueda de refugio. Teniendo en cuenta tantos momentos críticos y la violencia que os caracteriza, no se puede disminuir la intensidad de los dramas individuales y colectivos de los refugiados en el transcurrir de la Historia.

Sin embargo, es indudable que en lo que ocurre al día de hoy posee caracteres distintivos claros. En primer lugar, viene una cuestión cuantitativa. Los datos de ACNUR desvelan la abrumadora cifra de más de 21 millones de refugiados alrededor del mundo, número que se alza a 65 millones cuando añadidos las personas desplazadas forzosamente de sus hogares por otros motivos. Las cantidades no encuentran precedentes y dejan claro que la inmigración forzosa es una tendencia global del siglo XXI, con los refugiados respondiendo por un tercio de los desplazamientos.

En términos cualitativos, el establecimiento de importantes rutas migratorias de los refugiados en dirección a Europa surge como componente novedoso y que hice con que a la opinión pública y los gobiernos dirigieran su mirada a la cuestión. La masiva concentración de refugiados en las fronteras y su entrada, muchas veces ilegalmente en suelo europeo, dieron causa a intenso debate y medidas gubernamentales nada exentas de polémicas. Sin embargo, 86% de los refugiados son acogidos en zonas en desarrollo y en la lista de los diez principales países que los acogen no figura ningún país desarrollado. En Turquía, Paquistán y Líbano están 25% de todos los refugiados del mundo, más de 5 millones de personas.

A pesar de la desproporción en las cifras de acogimiento, uno de los principales frutos de la llamada crisis de refugiados, es la discusión en cuanto a las políticas de concesión de refugio dentro de la Unión Europea. En muchos momentos el eje que permea el debate público, bastante influenciado por los picos informativos generados por los medios, es el de considerar la acogida como mero acto humanitario en detrimento de las obligaciones jurídicas de cada uno de los Estados-miembros y de la Unión Europea como un todo. Además de esto, las cuestiones culturales y religiosas y un presunto conflicto social que el recibimiento de refugiados pueda generar suele puntualizar reflexiones. Visiones radicales, incluso usadas en la definición de políticas públicas y en los procesos legislativos de algunos dos países-miembros, toman los llegados como amenazas a la cultura europea y a las tradiciones locales. En el ámbito económico no es poco habitual que sean vistos como una especie de competencia “desleal” en la búsqueda de puestos de trabajo. Otros planteamientos, aunque de naturaleza menos radical, aceptan la acogida, todavía la condicionando a la integración de los inmigrantes a las sendas culturas locales de los países de destino, despreciando la perspectiva del multiculturalismo.

Por todas estas razones este tema está siendo estudiado en una línea de investigación que se ha desarrollado en los últimos años en el INSTITUTO DE DERECHOS HUMANOS y que está centrada justamente en el análisis de las fronteras y en los movimientos de población.

La crisis de los refugiados es un problema concreto y complejo. Con causas conocidas y con consecuencias que todavía no han terminado de manifestarse. Reflexionar sobre él exige un esfuerzo conjunto por parte de expertos en diversas áreas como historia, cultura, religión, economía o derecho. Además, la reflexión buscar aportar luz sobre las consecuencias que se avecinan y proponer algún tipo de solución. A ese debate queremos contribuir con este congreso.